Textos al paso

Huye

Clavado a orillas de una sucia sombra

contemplo las epifanías fugaces.

Prisionero de la inmarcesible voz

me convierto en vigilia y augur.

En un continuo desaparecer

bebe lentamente mi sed milenaria

que debería saciarse con su ser.

Provista de pies infinitos

Huye, sí, huye

del propio huir.

Y huye

huye de la mirada,

del tiempo; del viento; del lamento.

Huye sino de mí.

Melancólico aroma lejano

deja su indeleble estela

junto al inicuo crepúsculo.

Hoy como ayer el olvido se hace presente

como arena del alma.

Arena que dormida abraza la máscara

dueña del rostro ajeno.

Paloma

Comprendí entonces

que la palabra

era más poderosa

que el viento.

Y que el lamento

era la herida

de una enmudecida

paloma mensajera.

Paloma que regresa

siempre

al lugar donde murió.

Vuela

innata

concuspicente

enmascarada

sin cartas.

Las cartas

se han perdido

en el son.

Postdata:

necesito leer

sobre vos

por vos

con tu voz.

Oculares

Ojos olvidados regresando,

se ven y se van

a donde han quedado

sus visiones que ya no están.

Ojos otros amados

devuelven al pensamiento

todo exiguo aroma

de profundo no exhalar.

Ojos iguales opuestos,

vagos reflejos distantes,

disímiles proyecciones añoradas

encarnadas en la no reciprocidad.

Ojos muertos abiertos.

Ojos ciegos cerrados.

Todo ver se fue.

Todo verse fue

como si no doliera.